miércoles, 10 de abril de 2013
Adiós Bobo...
Y… ha llegado el momento en que
vamos a dejar este país, nuestra vida burkinabesa durante casi medio año, donde
nos hemos adaptado tanto a estas tierras, que ver a un niño descalzo, desnudo
con solo una cuerdecita en su cintura, sucio y corriendo ya nos parece de lo
más normal. Seguro que echaremos de menos esta ciudad, o mejor dicho, este
barrio, Koumbougou, donde todos los vecinos nos han tratado magníficamente y
nos han hecho sentir uno más, aunque nunca nos han hecho olvidar que somos los
toobaboo!!
El último fin de semana ha estado
cargadito de emociones y de celebración! El sábado pasado hicimos una gran
ceremonia para celebrar la salida de 3 promociones de chicas de CAPROF, fue una
fiesta llena de arte y sonrisas. Teatro, desfile de moda, baile…y por
supuesto…nuestra despedida!! Aprovecharon la tarima que habían alquilado y los
altavoces para despedirnos por la noche con una mini discoteca en las aulas
de CAPROF. Todos los jóvenes del barrio
bailaban despavoridamente, pues aunque rija la tradición, el baile no comporta
ningún reparo en sus movimientos.
El domingo no pudimos evitar
hacer una última timba de UNO en nuestra casa con los amigos del barrio. Para
acabar de saborear sus comportamientos inocentes y no tan inocentes que nos
hacen destornillar! Pues la emoción que viven en el juego es digna de
compartir! Así que compramos fanta y coca-cola, la dosificamos y nos lo pasamos
en grande!!jaja
El lunes y el martes pasamos el
rato en el barrio, dejándonos poseer por el espíritu burkinabé. Disfrutando de
los niños, de las chicas del taller, de los amigos que hemos hecho, de las
calles, de la comida, de las conversaciones en dioula y del baile para Blanca y
del futbol para Alberto; con un poco de ventaja para dejarle ser la estrella
del partido. Una buena despedida que no ha sido más consciente hasta dejar
Bobo-Dioulasso. Así que el martes por la tarde cogimos el autobús dirección
Ouagadougou, con algunas lagrimillas en los ojos, pero con un buen reparto de abrazos
y con una libreta cargada de contactos. Podemos decir que tenemos una pequeña familia
en Kombougou, y que esperemos que sea un hasta luego y no un adiós…
Sin embargo aún no volvemos a
nuestra tierra, sino que aprovechamos para aventurarnos una última vez… nos
vamos a Tanzania!
domingo, 7 de abril de 2013
A punto de marcha...
Preparando ya nuestra marcha, a
una semana de decir adiós a la cultura que nos ha rodeado durante casi 6 meses,
empezamos la cuenta atrás.
Finalizamos los proyectos e
intentamos delegar todas las tareas a diferentes miembros de la asociación
desde hace unas semanas para conseguir ver que esto se va a sostener una vez
nos marchemos.
El depósito farmacéutico queda
como nuestro gran interrogante, con varios responsables y con el mejor
propósito por nuestra parte. Pero siendo realistas no podemos dejar de pensar
en cuanto va a durar dicha responsabilidad…
La formación de Sida ha sido
finiquitada y creemos que ha dejado un buen sabor de boca a todas las oyentes,
las cuales han adquirido una nueva misión, ser ellas mismas las que difundan el
mensaje, intentando llegar al mayor número de mujeres de la zona. Por otro lado
una formatriz se encargará de realizarlo durante los años siguientes, con mayor
o menor esmero, nos declinamos a pensar que algún fruto saldrá.
El proyecto del río queda
pendiente, con una buena propuesta realizada y la puesta a punto. Pendiente de financiamiento
y por supuesto de toma de conciencia de todos los habitantes, pues aunque
hayamos removido cielo y tierra… aún queda mucho por hacer!!
Por otro lado no podíamos irnos
sin conocer el lugar sagrado por excelencia de los Bobo, Dafra, una fuente de
agua envuelta de vegetación y formaciones rocosas que nos evadió por unas horas
de la fumosa ciudad de Bobo-Dioulasso. Después de una pequeña excursión para
llegar a dicho enclave nos adentramos a un misterioso lugar de culto donde
todos los habitantes de una u otra religión han pisado alguna vez para pedir al
fetiche (representación del diablo) algo anhelado. Dependiendo de la grandaria
y dificultad del deseo, deben llevar un pollo o una cabra para sacrificar. Así
que una vez pusimos los pies en el lugar sagrado tuvimos que dejar los zapatos
a un lado y armarnos de valor para intentar evitar pisar las miles de plumas de
los pollos sacrificados, cabezas de cabras y otros restos de animales
ofrecidos. Hay un altar para los animistas y otro para los musulmanes, sin
embargo no deja de ser la misma actividad. Pedir un deseo y sacrificar al
animal, verter su sangre sobre el fetiche y las partes más intrínsecas del
animal a los silurios que habitan en el río. Peces monstruosos que han desarrollado
un tamaño antinatural, seguramente procedente del sobrealimento que reciben.
Les tiran los intestinos de los pollos, y otras partes del cordero esperando
que se lo coman rápidamente pues esto inducirá a un comienzo de la realización
del deseo. Como dicho lugar es sagrado, el agua y los peces también lo son, así
que se limpian con dicha agua esperando que sane su cuerpo. Posteriormente cocinan
ahí mismo al animal para comérselo antes de partir. Nosotros fuimos un domingo
y estaba a rebosar de gente. Sin embargo es de gran contradicción su
espiritualidad, pues posteriormente quienes han asistido niegan haber estado.
El fetiche, representación del diablo, puede llegar a crear hasta delitos, pues
si la petición que se le realiza es muy y muy complicada el fetichero traduce
lo que el diablo les pide, y en ocasiones se trata de órganos de seres humanos,
los cuales luego deben ser ingeridos por la persona que pide el deseo.
Pero no vamos a contar más historias que no
nos dejan dormir… y vamos a despedirnos de todo lo bueno que envuelve esta
misteriosa y gran cultura!
martes, 2 de abril de 2013
Bobo-Dioulasso, una cuna de tradicionalismo
Cuando decimos que este país es de lo más tradicional, lo
vemos en sus habitantes, en sus celebraciones y en sus aficiones durante los
ratos libres. Si nos fijamos en las personas, desde los más pequeños a los más
ancianos llevan amuletos y distintivos que procuran su bien estar. Todos los
niños llevan una cuerda alrededor de su cintura desde su nacimiento hasta su
adultez, un símbolo de protección que adquieren por una mujer “especial”. A los
más pequeños les pintan los ojos de negro, y hay algunos niños que llevan un brazalete
atado a un anillo por una cadena que representa una protección superior. Cuando
un niño nace los ancianos de su familia intentan ver más allá de su cuerpo, y
observan si corre peligro físico o espiritual, si es así, deciden que necesita
dicho brazalete hasta su adolescencia. También son ellos los responsables de
buscarle un nombre, si el nombre elegido es como el de un familiar suyo que aún
vive, los más jóvenes deberán apodarle de algún modo para mantener el respeto a
dicho anciano.
Los rostros de la mayoría de burkinabeses están marcados por
líneas y dibujos, los trazos de los ancianos son más pronunciados, y el número
de niños con la cara marcada cada vez disminuye más. Fruto de que dicha tradición
se va perdiendo; ya que es un símbolo de identificación que ahora no es
necesario. Sin embargo, hay a quienes les gusta perpetuarlo. El significado es
como de un DNI, y es originado por la falta de censos que había anteriormente
en los poblados. Como no se podía saber cuántos individuos había en cada pueblo
o aldea, se les marcaba la cara con una figura en concreto, y de esta manera se
les daba una identidad.
Las fiestas y celebraciones son otro ejemplo de tradición.
Fuera de los bautizos, matrimonios y funerales existen fiestas reconocidas.
Donde las máscaras salen no para acompañar a un difunto, sino para pedir una
buena cosecha y tiempo de lluvia. Esto sucede durante el mes de marzo y abril;
así que ahora es el momento en que se realizan y programan dichas fiestas.
Nosotros por el momento hemos asistido a dos de ellas, una de noche y una de
día. En estas ceremonias todos los individuos se vuelven más animistas que nunca,
dejando a la sombra su carácter musulmán o católico. Beben Dolo, cerveza de
mijo, y también cerveza de miel, tocan los tam tams hasta el amanecer y las
mujeres y niñas cantan y bailan para animar a las máscaras. Éstas son las
protagonistas que realizan la petición, para ello danzan al ritmo de los tam
tams y hacen honor a la indumentaria que llevan puesta. Mientras tanto a
escondidas ocurren sacrificios de pollos para ofrecer a los fetiches, y se
sortea quien va a ser el siguiente en llevar la máscara. No la puede llevar cualquiera,
debe saber gozarla y bailarla, sin caerse ni dejar mostrar su rostro.
Las máscaras de día son de colores y las de noche son
blancas. Las que fuimos a ver por la noche eran las más grandes, casi de 3
metros, toda una habilidad saber llevarla y hacerla girar tan vistosamente.
Cada celebración de máscaras dura 3 días y el último día se puede ver a las
mujeres llorando, pues deben esperar hasta el año que viene para revivir dicha
emoción otra vez. Es una ceremonia muy anhelada y todos los participantes,
público y danzantes, lo dan todo para conseguir una buena época de cosecha.
lunes, 1 de abril de 2013
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