La entrada a Peru, vino por Puno, aunque no nos quedamos en la localidad, ya que ya habíamos visitado el lago Titicaca por la parte boliviana.
Así que fuimos directamente a Cuzco, donde ya habíamos planeado diferentes actividades. Lo primero que hicimos, fue visitar la ciudad colonial, la que fue capital inca y posterior capital de la conquista. La ciudad fundada por Francisco Pizarro, tiene una plaza de armas que se encuentra en el centro y que contiene la catedral y una iglesia que embellecen la ciudad.
La primera actividad, fue sin dudarlo el Machu Pichu, aunque queríamos llegar mediante un trekking, así que investigamos un poco, y visto que el camino inca, a parte de bullicioso es caro, optamos por la caminata del nevado Salkantay, que dura 5 dias y pasas por el paso hallado a 4600m de altura.
Así que armamos las mochilas, esta vez alquilamos una tienda de campaña, provisiones de comida (medio kg de pasta hervida) y hacia la parada de bus a las 5 de la mañana! El recorrido en autobús fue un poco interrumpido pues la policía paró a nuestro conductor y no le dejaba continuar el trayecto porque no tenía papeles! Después de unos minutos de desesperación compartidos con todos los pasajeros del autobús (lógicamente nosotros éramos los únicos extranjeros) un grupo de mujeres consiguió convencer a la policía para seguir, pues iban casi todos a un funeral. Al llegar al primer destino, un pueblo llamado Mollepata, tuvimos la suerte de enlazar con un camión que nos llevó por un trozo de camino más, y así llegamos a la base de la montaña por la tarde y pudimos acampar a 4400m, solos ante la belleza del atardecer en la montaña.
Hicimos el trek en 3 días, ya que la segunda jornada, caminamos por 11horas y llegamos al otro lado del valle, donde dormimos cerca del río. Sin embargo, fue muy dura pues después de pasar el paso de buena mañana totalmente despejado, nos metimos en el verde y húmedo valle, tan repleto de vegetación que sólo podía provocar algo..lluvia!! y ..desde las 10 de la mañana nos empezó a llover y llover, y llovió todo el día. Cuando la intensidad aumentaba parábamos y buscábamos cobijo en las aldeas, consiguiendo un café de regalo o agua hervida para hojas de coca. En la playa, lugar elegido para dormir nos acogieron en una pampa de una familia. Por la noche, también llovió aunque la tienda aguantó gracias al plástico que teníamos debajo de las colchonetas.
Al día siguiente, cogimos una furgoneta, ya que desde allí empezaba un “camino” por donde se podía “transitar”. Llegamos a Santa Teresa, y empalmamos cogiendo otro coche de media hora hasta la hidroeléctrica, desde donde por las vías del tren caminamos unas dos horas matadoras hasta llegar a Aguas Calientes, pueblo base para llegar al Machu Pichu.

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