El descubrimiento de un imperio nos esperaba… a pesar de que mucha gente nos había hablado de él, íbamos a saber, sentir y percibir el verdadero y real Machu Pichu, una civilización viviente en las salvajes montañas.
Al llegar a Aguas Calientes nos acomodamos y nos informamos para poder ir al Machu Pichu, y subir al Wayna Pichu, al cual solo acceden 400 personas al día en dos turnos de horarios, y las entradas se dan por orden de llegada. Por lo tanto eso implicaba levantarse pronto, tan pronto cómo a las 4:30, para llegar al puente a la hora de su apertura, a las 5, y…empezar a subir. Empezamos a andar con linternas, y a pesar de ir adelantando a otros candidatos del Wayna Pichu, la sorpresa al llegar fue que el primer autobús salía de Aguas Calientes a las 5:30 y no a las 6 como nosotros imaginamos…El resultado..el sueño de llegar a la puerta y obtener el 1r y 2º pase…era una utopía..eran menos de las 6 cuando Alberto llegó, y ya había una gran cola!! Pero...obtuvimos nuestro pase para poder subir al Wayna Pichu! La montaña sagrada enfrente del Machu Pichu, desde donde se le observa completamente desde la altura, y en la que los incas también acudían para ir al templo de la luna u otras expediciones.
Después de conseguir los sellos de autorización en nuestros tickets llegó la hora de entrar a ese imperio, así que nos adentramos a esa montaña y pisamos el camino que nos trajo una gran impresión! Uau!! Una ciudad increíblemente bella, perfecta y casi natural! Envuelta de pura naturaleza, era como una parte más del mundo esencial. En ese momento nos transportamos a la mentalidad inca, a vivir dentro del mundo de la naturaleza donde todo hay que respetarlo y todo forma parte de una unidad. Así pudimos empezar a entender el porque de su ubicación, el porque de encontrar rocas en medio de sus casas, el porque de unas terrazas tan perfectas en lugares tan peligrosos! Ellos creían que la tierra madre les protegía, la Pachamama, y por ello elegían los mejores sitios sin tener miedo; también por ello respetaban la ubicación de todo aquello natural que encontraban y hacían pagos a la tierra tanto los viajantes como los habitantes de dicha ciudad para pedir a la Pachamama. Con la ayuda de un guía pudimos saber más y más explicaciones, que ahora no vamos a contar pues sería imposible que os lo leyerais. Hicimos una visita de 4 horas guiadas que nos dejó a los dos con la boca abierta, y un poco relacionada con la cultura tiwanaco (ya conocida en Bolivia), pudimos entender más y dejarnos llevar por la energía y sabiduría que corría por esa antigua civilización guiada por la astronomía y la creencia.
Sin embargo..nosotros no realizamos el pago a la tierra…y se nos canjeó por lluvia…Habíamos empezado a las 6 de la mañana con un día espléndido, pero a las 7 empezaron a llegar unas nubes espesas que se instalaron a nuestro alrededor hasta pasadas las 12. Eso no afecto a nuestro paso por la civilización pero si al difícil ascenso al Wayna Pichu, subimos indiferentemente a la lluvia, aunque el hecho de que conserven los escalones originales dificultó un poco..y al llegar a su estrecha cima, donde no caben más de 10 personas esperamos a que la cortina espesa nos hiciera un regalo y pudimos ver por unos segundos la civilización desde ese punto. Agotados, pero muy contentos y emocionados, bajamos y abandonamos este mágico lugar. Nos despedimos tal y como llegamos, con nuestros propios pies, y esa bajada acabó por destrozarnos!! La idea era volver por el mismo camino que vinimos, pero andar más de 2 horas de nuevo por las vías..nos superaba! Así que quisimos coger el tren hacia la hidroeléctrica, pero no había..de manera que no nos quedaba otra opción, que hacer el pago con nosotros mismos esta vez! Y si! Cogimos un tren que nos iba a llevar directitos a Ollantaytambo, y allá un autobús hasta Cuzco. Reduciendo así horas de viaje, y aumentando más comodidad. Nos lo merecíamos!
La vuelta a Cuzco fue para 3 días más, en los cuales recuperamos fuerzas y aprovechamos para visitar el valle sagrado. El hermoso valle que une Cuzco con Aguas Calientes, y donde a parte de más ruinas incas (las cuales ya entendíamos mejor) nos ofreció unos preciosos paisajes con habitantes de lo más tradicionales. El último día nos reencontramos con un amigo de Cochabamba, y nos despedimos de la linda ciudad de Cuzco, con pequeñas callejuelas de piedra llenadas por procesiones y cantos en semana santa, menús a 3 soles y bebida como la chicha o licores de plantas.
viernes, 29 de abril de 2011
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