El día 1 del nuevo 2011 tuvimos que levantarnos pronto para empezar bien el año!! Y también porque teníamos un vuelo desde Santiago hacia Foz d’Iguazu (Brasil), pero tan solo para hacer escala dirección Asunción, Paraguay.
Nos dirigíamos a San Lorenzo (un pueblo a las afueras de la ciudad) donde Lili nos esperaba.
La primera impresión de Paraguay fue de un país mucho más auténtico de los que proveníamos, se veía muy rural, rústico, pobre y más cálido (sin referirnos al calor insoportable que hacía)
Estuvimos 4 días en casa de Lili, quien vive con la familia del marido (tradición paraguaya) y ellos se encargaron de transmitirnos toda la cultura paraguaya, historias y mitos en los que creen y nos enseñaron un poco su lengua, el guaraní. Todos los paraguayos hablan mitad guaraní, mitad castellano, y en el interior, el pueblo indígena sólo guaraní. Es una lengua muy curiosa y difícil que le dá un carácter más auténtico a Paraguay, son de los pocos que siguen manteniendo así sus raíces, así como también su música y danza.
Además nos dieron a probar todas sus comidas y bebidas. Como el famoso tereré, mate frío con plantas medicinales; están tan arraigados a él, que cuando sales a la calle puedes verlos a todos con su termo y su tereré. También el clérigo, macedonia con vino y comidas como la tortilla (no como la nuestra, pero riquísima) y otras comidas como el bori-bori, la chipa y el chipaso, algunos mejores que otros.
Cada día hacíamos excursiones, a Asunción, una ciudad plena de contrastes entre el rico y el pobre; Caucupe, un lugar sagrado donde acuden peregrinos a bendecirse y a orar; San Bernardino y otros pueblos que rodean el lago donde se van a refrescar del insufrible calor! El pueblo en el que estábamos era el sitio más auténtico de toda la zona.
Una vez ya disciplinados en la cultura paraguaya decidimos ir hacia el Chaco. Un zona muy árida y seca, como un desierto con cactus y con mucha fauna (incluso pumas!), el segundo ecosistema más grande de Sudamerica después del Amazonas.
Orientados por datos no muy fiables, nos dirigimos a un pueblo llamado Mariscal Estigarribia donde debíamos encontrarnos con un militar que a pesar de nuestros intentos nunca llegamos a encontrar. Sin embargo otros militares nos dieron cobijo en un puesto de vigilancia. Así renunciamos y nos dirigimos a Filadelfia, una colonia menonita del Chaco.
Allí descubrimos la mezcla más extraña hasta ahora encontrada, indígenas y alemanes viviendo juntos, eso si, sin mezclarse. Los menonitas son un grupo religioso alemán que tuvo que huir de su país por sus creencias no bélicas, su éxodo pasó por Rusia y Canadá, hasta que Paraguay les ofreció las tierras del Chaco, habitadas solamente por indígenas, los cuales no fueron respetados en dicha decisión.
Los menonitas aceptaron engañados, ya que la vida allí era muy dura, pues era desértica, pero ellos aceptaron siempre y cuando les dejaran conservar su cultura, religión y lengua.
A diferencia de los indígenas nativos evolucionaron y crearon su propia ciudad. Hoy en día poseen granjas en la que la mano de obra son los indígenas y una gran cooperativa que exporta productos lácteos a todo el país. Tienen su propio sistema de leyes, de salud, económico..es decir, es cómo otro país dentro de Paraguay. Se nos pasó por la cabeza pensar que era como una secta…
domingo, 23 de enero de 2011
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