Toda la información que nos había ido dando la gente se ponía de acuerdo con que la isla sur merecía más la pena que la norte. A partir de ahora lo descubriríamos.
Comenzamos la ruta desde Picton, donde nos dejó el ferry, un bonito pueblo costero frente al mar de Tasmania.
De camino a Nelson, bordeamos la costa norte, llena de preciosos fiordos. Allí cerca hicimos una excursión, en el parque nacional de Abel Tasman, y aunque no tuvimos un buen día pudimos disfrutar de la naturaleza que nos envolvía, con la famosa y símbolo del país silver fern (hoja de plata), y viendo las primeras focas de NZ. El día no mejoró, y una vez ya empapados por la lluvia nos vimos obligados a atravesar la marea “baja” para seguir el camino. Pero una vez ya mojados…no nos importaba un poquito más, así que agua hasta las rodillas y hasta la playa, donde tuvimos la suerte de encontrar un refugio con una chimenea que nos ayudó a escapar de un buen catarro jeje
Al día siguiente, camino de los glaciares más conocidos de este país, el Franz Joseph y el Fox, pasamos por una colonia de focas , pero esta vez de más de cerca, donde pudimos observar lo perezosas que son y lo que les gusta tumbarse en las rocas y dormir y dormir..
También visitamos los pancakes rocks, unas formaciones rocosas muy antiguas y muy originales creadas por la erosión del agua, del viento y de las olas que impactan en ellas de manera salvaje. Y es que conducir por la costa es poder ver una y otra vez maravillas de la naturaleza, y al alcance de cualquiera!!! Playas espectaculares y larguísimas, un mar enfurecido pero a la vez de un color que te obligaba a quedártelo mirando, formaciones rocosas, algunas prehistóricas……y todo ello siempre acompañado de fauna salvaje, tanto marina como terrestre!!!
La visita a los glaciares, fue acompañada de un día soleado, cosa que se agradeció plenamente. Estos glaciares, son de los pocos en el mundo que durante su recorrido, pasan de las altas montañas al nivel del mar.
La entrada a los Alpes, se hace por la carretera que viene del mar, así que éste siempre queda en la espalda y la cordillera en frente. Hecho que culmina aún más la maravillosa situación geográfica! La siguiente parada, en plena zona montañera, ya fue Wanaka, un pueblo tranquilo a la vera de un lago ante la atenta mirada de las majestuosas (tampoco son muy altas, el pico más alto, es el Cook con 3470m) montañas nevadas. Allí ya empezamos a notar la frescura de los Alpes, donde alcanzamos los -3 grados (uff!! Que cambio!!)
Al día siguiente camino de Queenstown, pasamos por la carretera más alta del país, donde unas nevadas vistas estaban a nuestro alcance!!! En unos minutos estábamos en la ciudad del deporte, donde nos unimos a ella!!!
Después de dos días de Alpes, descendimos hacia la zona de Mildford Sound, al otro lado de la cordillera, no muy lejos, unos bonitos fiordos que se adentran en la tierra!! Para llegar, tuvimos que pasar por un túnel excavado a mano hace años, la única forma de llegar sin peligro, ya que por mar tiene su punto de ajetreo, porque el mar de Tasmania se adentra con fuerza en los fiordos. Tomamos un ferry que nos hizo una ruta donde pudimos disfrutar de compañeros como los delfines que nadaban al son de la barca, o pingüinos refugiándose en las recónditas playas imposibles de llegar y camuflándose entre las rocas y la maleza, y por supuesto también focas, que están por todas partes!! Fue un bonito paseo, y junto a la niebla y al fuerte movimiento marino tomaba un punto de realidad más extremo y placentero!
Dirección Christchurch, otra gran ciudad hicimos una parada en la ciudad de Dunedin, de la cual sale un brazo de tierra para entremeterse en el mar. Con el coche decidimos explorarlo y fuimos hasta la punta, donde pudimos divisar un montón de extraños pájaros, y entre ellos, apareció un albatros, planeando grande y perfectamente. También vimos una de las playas más bonitas hasta el momento, repleta de dunas con maleza y territorio de focas y pingüinos, aunque en ese momento no los vimos.
Antes de llegar a la ciudad, paramos en una playa que albergaba un secreto más de la naturaleza. La playa está repleta de bolas perfectas de piedra, algo que a la vista humana parece imposible que sea de carácter natural! La historia dice que eran cestas que trajeron los maoris, pero cuando estábamos allí no podíamos ni plantearnos su verdadero origen pues la impresión de su tamaño, perfección y ubicación ya era todo un misterio.
La llegada a la ciudad nos sirvió para hacer algunas compras y comprobar la influencia inglesa en sus edificios y estructura. El último día de estancia con los padres de Alberto fuimos a un pueblecito de los alrededores con un aire muy francés, Akaroa, con unas vistas sublimes de prados verdes repletos de ovejas, lagos azules sobrevolados por gaviotas y casitas en las orillas.
martes, 24 de agosto de 2010
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Creo que podreis escribir una guia que no le falten detalles, que "Imprudencia ir por la marea baja y con arenas movedizas"!!!! menos mal que llevabamos una brujula!!!!
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