Después de la visita familiar, alargamos la estancia para planificar el siguiente objetivo, la llegada a Australia. Durante este tiempo, alquilamos una caravana para recorrer el resto de isla que nos faltaba por ver, la zona sur. Así que mochilas al traste, mapas en mano y a conducir nuestra casita móvil!! No era una caravana de lujo, pero tenía lo que hace falta, inclusive calefacción!! La cual poníamos a tope antes de llegar a la hora de dormir, porque todo cabe decir que por las noches, en Nueva Zelanda…hace frío!! Pero cada día sabíamos preparar mejor nuestra casita y así no pasar frío!
Empezamos el recorrido en busca de pingüinos, y nos dimos cuenta que la zona de más al sur estaba repleta de estos animalillos patosos y tan graciosos!! Los descubrimos en playas y bahías, escondiéndose entre la maleza que nace de las dunas tan solo vernos!! Son tan tímidos que hasta se volvieron “ágiles” cuando les intentábamos perseguir.
También pudimos añadir a nuestro grupo de animales a los leones marinos!! Al principio no sabíamos diferenciarlos de las focas, y eso nos daba un poco de miedo, pues los leones son agresivos, y claro…uno va andando por la playa y se encuentra un animal de semejante tamaño tumbado en la arena, pues tiene ganas de acercarse a él… De manera que acabamos distinguiéndolos, y aunque las focas también se defienden e intentan asustar abriendo su enorme boca y enseñando los colmillos, son muy muy lentas a la hora de moverse!! Y que perezosas!!
Hicimos un recorrido expreso para ver dicha fauna contemplando y aprendiendo sus horarios cuotidianos, y en él también vimos diferentes y extraños pájaros, visitamos cascadas, y hasta pisamos lo que fue un bosque en la era del jurásico, ahora convertido en uno de los restos fósiles más antiguos del planeta (aunque..cabe decir que estábamos más pendientes de los pingüinos, que por primera vez, dejaban que nos acercáramos un poco más).
Nuestra ruta pasó de nuevo por Queenstown para reencontrarnos con un amigo viajero, al que no veíamos desde hacía más de 7 meses. Éste nos recibió muy emocionado, y nos acogió en su calentita casa. De camino a Christchurch hicimos un alto en el monte más alto de las dos islas, el monte Cook, con un glaciar espectacular, ya que desemboca en un lago repleto de icebergs. Todos estos caminos siempre han ido acompañados de enormes espejos, unos lagos que reflejan toda la belleza natural que define el país, como el Lago Tekapo.
Los últimos días intentamos absorber toda la maravillosa y virgen naturaleza que vivíamos día a día, pisando Kaikoura, la costa donde las montañas de Suiza se juntan con el salvaje mar oceánico. Y como una curiosidad más del país cabe destacar, el gusto por vestir de una manera chapada a la antigua y moverse en beetles y otros coches antiguos.
Devolvimos la caravana y fuimos hacia el aeropuerto destino a Australia, allí pasamos la noche, y a la madrugada cogimos el avión, hacia Brisbane.
domingo, 29 de agosto de 2010
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asi me gusta tan acendados con vuestra casita....ji,ji,ji,
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